POR QUE NOS ELIGEN

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Venda mejor y sin urgencias



Vendemos mejor:Recibimos las llamadas y organizamos las citas con total disposición a los horarios de los compradores aumentando las posibilidades de concretar la operación.



Tecnología y capacitación permanente:Contamos con amplios canales de comunicación: telefonía fija, móvil y correo electrónico, de esta manera un comprador puede comunicarse con nosotros en todo momento.Nos capacitamos de manera constante. Disponemos de la última información del mercado inmobiliario.



Nuestro trabajo alcanza altos estándares de calidad.



lunes, 17 de octubre de 2016

Altos de Elorriaga

Los Altos de Elorriaga en 1913

Es la vivienda particular de dos pisos más antigua que aún se conserva (construida entre 1812 y 1820). La planta alta estaba destinada a vivienda y en la planta baja había locales comerciales.

En esa época se la denominaba casa de Altos ya que tenía dos plantas y su nombre se debe a quien fuera el dueño en ese momento: Juan Bautista Elorriaga.
Las habitaciones rodeaban grandes patios interiores. Desde el mirador se podía contemplar el paisaje del río. La fachada es lisa y encalada, con balcones enrejados en el primer piso.
La casa es una de las pocas que aún persisten 
Vista actual
en Buenos Aires sin ochava. 










Autor: Eliana Dell Era

Fuente: Wikipedia - turismo Buenos Aires.

sábado, 1 de agosto de 2015

Nuevo Código Civil


El 1º de agosto del 2015, entra en vigencia el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación

Fecha histórica: el anterior se hallaba vigente desde 1871.

¿Tiene dudas? ¡Consulte a los que se capacitaron!
Lo esperamos.

Lencioni Propiedades

jueves, 30 de julio de 2015

El viejo almacén



Era "... un viejo almacén del Paseo Colón, donde van los que tienen perdida la fe...". 

Así empieza el tango Sentimiento Gaucho de Edmundo Rivero, que fue quien lo inauguró en mayo de 1969. (Anteriormente, en ese lugar funcionaba El Volga, un restaurante ruso fundado por inmigrantes de aquel país en 1900).


Rápidamente el sitio se convirtió en un centro de irradiación cultural, con presentación de libros y discos, ciclos de teatro leído, Poesía Abierta, visitas guiadas, reuniones de instituciones tangueras. 

Diversos artistas, como Aníbal TroiloOsvaldo PuglieseRoberto Goyeneche y Leopoldo Federico, entre otros, han actuado en sus escenarios.

Tuvo serios problemas: casi fue demolido y además debió afrontar una situación financiera complicada. Pero sobrevivió y hoy, ubicado en el casco histórico, en la esquina sin ochava de Balcarce e Independencia, es un rincón que conserva indelebles las huellas del Barrio de San Telmo.






Autor: Eliana Dell Era

(fuente: Wikipedia, Buenos Aires ciudad)





martes, 28 de abril de 2015

La calle Florida

"Calle Florida 1888" de Samuel Boote - Archivo general de la Nación.

Fue una de las primeras calles favorecidas con los avances de la modernidad: el empedrado, el alumbrado a gas, el eléctrico y los letreros luminosos llegaron a la calle Florida tan pronto como llegaron a Buenos Aires.
Pero Florida es, además, testigo mudo de emblemáticos episodios de nuestro pasado. En la esquina de Florida y Perón tenía su residencia Mariquita Sánchez de Thompson, cuyas tertulias reunieron a lo más granado de la sociedad de principios del siglo XIX. Por sus calles, desfiló Urquiza con su ejército Grande en febrero de 1852, tras vencer a Rosas en la batalla de Caseros. Menos de dos décadas más tarde, en 1870, otro ejército recorrería la calle Florida (tropas que regresaron de la guerra contra el Paraguay). En Florida y Córdoba se relizó más tarde aquel famoso mitín del Jardín de Florida, donde se gestó la oposición al gobierno de Miguel Juárez Celman.

Fuente: Así fue Buenos Aires. Tipos y costumbres de una época. 1900-1950, Buenos Aires, imprenta Coní, 1954, pag 15-26 


La calle Florida tiene una extensión de once cuadras y está situada en el corazón de la ciudad. Se la llamó primitivamente la calle del Correo, luego del Empedrado y en 1808, Unquera, nombre que llevó por un período de 6 años. El nombre actual de Florida le fue impuesto por el gobierno del Directorio, a fines de 1814, en conmemoración del triunfo alcanzado por las tropas del general Arenales sobre los realistas, el 25 de mayo de ese año en el pueblo de la Florida, pueblo importante del Alto Perú.
Durante muchos años circuló por la calle Florida una línea de tranvías a caballo. Como la calle tiene un ancho de 7 metros y el tranvía rozaba casi las veredas, su paso solía causar molestias y algunas veces accidentes. Ese fue el motivo que decidió su supresión en esa calle. Pocos años después, el tránsito de carruajes y paseantes se hacía cada vez más numeroso y cuando, en 1903, llegaron los autos al país y se incorporaron al tránsito de vehículos, surgió el problema con mayor intensidad. Por fin en 1922 se dictó una ordenanza prohibiendo la circulación de vehículos por la calle Florida entre las 11 y las 20 horas, prohibición que rige aún y que fue dictada en homenaje y beneficio a la calle más mimada de la ciudad.
El llamativo ornato de sus comercios le otorgó a Florida alcurnia, prestancia y fama (no sólo en el país, sino también en el exterior) semejante a la de la Rue de la Paix en París, con sus lujosas vidrieras exponiendo finos vestidos de la última moda europea, joyas valiosas, librerías, fotografías y salones de arte. Recibió Florida un nuevo empuje de modernismo y suntuosidad allá por los años de 1918/20. Por esa época, llegaron como novedad al país los letreros luminosos y las orquestas de jazz, apareciendo entonces de inmediato muchos edificios de importancia como la Galería Güemes, el Gran Cine Florida y otros.


Añadir leyenda


Refiriéndose al tema dice Loncán: “Nada caracteriza tanto a un porteño de alma, como su amor por la calle Florida“. Hasta el año 1930, el porteño podía concurrir a Florida al atardecer, casi seguro de poder hallar un amigo con quien charlar. Mucha gente conocida se hablaba en voz alta, en forma familiar, de vereda a vereda. Hoy todo eso pasó a la categoría de un lejano recuerdo.  Florida dejó hace tiempo de ser la calle tranquila, familiar y sonriente, propicia al paseo; hoy es una calle seria, inquieta y tumultuosa. ¿Quién le arrebató su fisonomía especial y su encanto?
Florida... para los jóvenes, ya es una calle más... para los porteños de ayer, Florida seguirá siendo... "FLORIDA".


Autor: Eliana Dell Era

Fuente: El Historiador.



lunes, 16 de marzo de 2015

Av. Belgrano 430


En esta casa nacía, un 20 de junio de 1770 el general Manuel Belgrano. Al final de su vida, fue trasladado enfermo y falleció en el mismo solar. El mismo estaba ubicado en la Av. Belgrano 430, entre Defensa y Bolívar. La imagen corresponde al año 1909, cuando esta histórica propiedad fue vendida y posteriormente demolida. 
A la derecha se observa el viejo aljibe de los Belgrano, que fue donado junto a otros objetos antes de la demolición.

En la actualidad, la casa se transformó en el edificio Calmer...                      

Autor: Eliana Dell Era


(Fuente: curiosidades de Buenos Aires, Identidad Buenos Aires, Wikipedia)


lunes, 12 de enero de 2015

Pasaje Rodolfo Rivarola


Ubicado en el barrio San Nicolás de la Ciudad, se lo llamó la calle en espejo por tener un aspecto simétrico en sus construcciones de ambas veredas.

El pasaje es de una cuadra y une las calles Bartolomé Mitre y Tte. Gral. Juan Domingo Perón, mientras corre paralelo a Talcahuano y Uruguay.









En esa cuadra hay sólo ocho edificios: tienen planta baja y cinco pisos -mansardas estos últimos- y se corresponden hasta en los más mínimos detalles. Su edificación data de 1924-26.  Los edificios de las cuatro esquinas rematan en impecables cúpulas de pizarra.



















Autor: Eliana Dell Era

(Fuente: Wikipedia - Fervor x Buenos Aires)

martes, 9 de septiembre de 2014

Mi cielo...

Jerónimo le había dicho a su mamá, una y mil veces, que el cielo ya no estaba allí… pero su mamá no le creía. Al principio se rió, luego se puso seria y finalmente le dijo que se callara de una buena vez… tal y como hacía siempre que se enojaba con él.

Jerónimo se calló, sí. Pero su corazón siguió llorando por dentro.

Todos los días, cuando se despertaba, lo primero que hacía era asomarse a la ventana de su cuarto y saludar al cielo, el pedacito de cielo que se vislumbraba desde su departamento.
Un cielo celeste a veces, con alguna nube otras, lluvioso…

Cuando estaba en casa, muchas veces se acordaba de su amigo el cielo y se asomaba a mirarlo, a saludarlo.
A la noche, cuando se iba a dormir, era el cielo quien le contaba historias a través de la magia de sus estrellas. Y siempre, siempre, había una que le guiñaba un ojo y era su abuelo Pepe que le cantaba una canción de cuna. Como antes de que se fuera al cielo. Como cuando Jerónimo era chiquito y el abuelo lo abrazaba fuerte, fuerte y lo tiraba hacia el cielo una y otra y otra más. Y se reían. Y después le compraba caramelos y le contaba cuentos.

Cómo lo extrañaba! Pero sabía que estaba en el cielo, y desde allí lo abrazaba siempre que él lo necesitaba.
Cómo no iba a asomarse a mirarlo todas las veces que tenía ganas!

Por eso, cuando esa mañana se despertó y no vio el rayito de sol a través de las cortinas, pensó que estaba nublado.
Pero, cuando se asomó y se encontró con una pared enorme, enormeeee que ocupaba toda su ventana, se preocupó de verdad. Dónde estaba el cielo? No lo veía!

Y fue cuando salió corriendo de su cuarto y gritando: -¡Mamá, el cielo no está más! Me robaron el cielo, mamá… y empezó a llorar.
La mamá, que no entendía nada, primero lo consoló (o lo intentó) y luego se enojó… poquito primero, mucho después.

Jerónimo se fue a su cuarto cabizbajo.
Qué iba a hacer sin su cielo? Cómo iba a mirar las estrellas donde estaba el abuelo Pepe? Cómo iba a saber si llovía o había sol?

Cuando hacía un año la casa de al lado apareció con un cartel de “se vende”, Jerónimo se acordó que su papá le dijo a su mamá que lo preocupaba: -Mirá si nos hacen un edificio al lado – le dijo. Y Jerónimo se acordaba. Su mamá le contestó: - No creo! Y ahí terminó todo.
Pero al tiempo, había pasado bastante, delante del cartel apareció el mensaje muy grande y en letras negras: “VENDIDO”.
Jerónimo lo pudo leer (estaba aprendiendo) y se emocionó. Pensó en los vecinos nuevos: si venían amigos lo iba a pasar re bien.

Pero esta vez, la conversación en la mesa fue un poco más larga. Papá le dijo a mamá: - Sigo preocupado. Viste que se vendió la casa de al lado? Es una posibilidad cierta que construyan un edificio. Te diste cuenta cómo están poblando la ciudad? La verdad es que no entiendo donde pueden meter a tanta gente… pero evidentemente la meten.
A lo que mamá le contestó:
- Bueno, pongamos el departamento en venta y listo. Buscamos otra cosa.
A Jerónimo no le gustó nada la idea de mudarse. No era tan fácil: y mis juguetes? Y mis amigos? Y mi cama? Y mi cielo? – pensó.
Y se lo dijo a sus papás. Le respondieron que no se preocupara. Que los juguetes y la cama la llevarían.
- Pero y mi cielo? – les preguntó otra vez. Lo miraron con cara de nada, como hacen los adultos cuando quieren finalizar el tema. Y se terminó.

Al principio Jerónimo estaba preocupado. Pero después se fue olvidando.
No supo si su mamá y su papá hicieron algo al respecto: él no se enteró. No había cartel de “se vende” y nadie vino a ver la casa.

Al lado del departamento, un día se despertó y encontró el terreno vacío. A la semana, empezaron a aparecer muchas hormigas-personas-obreros. De repente, un día había muchos, pero al día siguiente había muchos más.

La cara del papá seguía seria. Y notaba que cuchicheaba con la mamá.

Hasta que Jerónimo ya no encontró su cielo, y en su lugar había una pared gris y aburrida que lo miraba fijo.
¿Y qué iba a hacer ahora?
Por más que estiraba el cuello, el cielo no se veía. Entonces pensó, aunque su mamá no lo dejaba mucho, en abrir el vidrio. Enojado y con bronca, sacó la cabeza y miró para arriba. Y allí estaba!! Sí, allí estaba!!
Chiquito, diminuto, mucho más pequeño que antes, pero veía un pedacito de cielo.

Un pedacitito….

Escuchó que su mamá decía:
-         ¡Qué tristeza, Buenos Aires! Cómo te están llenando de cemento!

Y a Jerónimo, un nene de cinco años, una lágrima le resbaló por la mejilla.
(Eliana Dell Era)