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martes, 23 de enero de 2018

El Palacio de Aguas Corrientes

Fueron más de 300 mil piezas de terracota para el revestimiento exterior las que cruzaron el océano. Estaban numeradas, una por una: eran para armar ese gran rompecabezas arquitectónico que hoy es uno de los edificios más exóticos de la ciudad. En su interior, el Palacio de las Aguas Corrientes esconde la primera mole de acero de la sanidad porteña, que supo ser el símbolo de la prosperidad y el modernismo que imperó en el país a finales del siglo XIX.

La construcción sigue generando admiración y sorpresa en locales y turistas que encuentran, cerca del centro porteño, un estilo que no se asemeja al francés que dominó la arquitectura rioplatense.

Según el arquitecto Jorge Tartarini, director del Museo del Agua y de la Historia Sanitaria de AySA, que hoy alberga el edificio situado entre las calles Riobamba, Viamonte, Ayacucho y Córdoba en el barrio porteño de Balvanera, "Lo único raro acá es la estructura belga porque en la Argentina lo común es lo inglés. Los belgas ganaron la licitación porque ofrecieron un precio mucho menor para fabricar y armar esto".

El arquitecto remarcó cuál fue la finalidad del Palacio que, para muchos, aún hoy es desconocida: "Muy pocos saben que fue construido para remediar las enfermedades y tener una ciudad abastecida por 72 millones de litros de agua en sus 12 tanques".

Levantar una mole de hierro y una de las obras de arquitectura ecléctica icónicas de la Ciudad demandó el trabajo diario de 400 personas durante 7 años, entre 1887 y 1894.


Lo que le da el carácter, su estilo tan llamativo, son las 300 mil piezas de terracota esmaltada traídas desde Inglaterra", analizó Tartarini.

Un modelo para armar, del otro lado del océano

"Este edificio fue concebido como un modelo para armar. Como una especie de rompecabezas a distancia donde cada pieza tiene su número y letra que se corresponde con la que figura en los planos para saber dónde iba cada una", explicó el arquitecto sobre la fachada del Palacio. Incluso, más de 120 años después, se conservan y exhiben algunas de las piezas de repuesto que se habían enviado por si alguna se rompía.

¿Por qué la terracota? "Además de la funcionalidad, porque estaba de moda en esa época y también se utilizaba para las cañerías y resistía mejor el hollín de las fábricas de ese momento".

"El interior del palacio es una contradicción total con el exterior. Tiene una estructura que puede contener 72 millones de litros de agua y que está en una de las partes más altas de la Ciudad. Esta estructura de hierro tiene tres niveles con cuatro tanques en cada nivel, para ganar altura y fuerza en el agua. Están sostenidos por 180 columnas. Es una de las mayores estructuras de hierro que se construyó en el siglo XIX fuera de Europa", dijo el titular del museo. Además, contó que proponen que se declare a esta estructura, más la de Caballito y Devoto que son iguales, como Patrimonio de la Humanidad, porque son únicos en su tipo.

Uno de los caños utilizados en el Palacio


La planta se repite en tres pisos de igual manera; en cada uno hay 4 tanques con capacidad para 6 millones de litros de agua

En el museo se pueden ver los diferentes tipos de caños.


El agua dejó de correr hace 4 décadas



"Hasta 1978 tuvieron agua los tanques y, desde esa fecha, pasaron a tener otro elemento muy importante para los porteños: la memoria edilicia de la Ciudad. Hay 2.5 millones de planos históricos dentro de estos grandes tanques de hierro, que pasaron a ser archivos de planos de instalaciones sanitarias", dijo Tartarini antes de ingresar dentro de uno de los tanques que se transformaron en grandes bibliotecas.


Pero no todo fue gloria desde el principio. A poco de haberse habilitados y, cada tanto, se vaciaban los tanques para hacer la limpieza. En ese momento, entraban las cuadrillas de operarios para limpiar las paredes. Al limpiarlas se dieron cuenta que se iban oxidando y con los cepillos de hierro que se sacaban las escamas oxidadas se iban angostando las paredes.


¿Qué se tuvo que hacer? Revestir todo el hierro interior con paredes de ladrillo y un cemento especial. Por dentro, hoy son piletas de natación con un revoque grisáceo que permite mayor impermeabilización.


Un palacio lleno de mitos y leyendas

"Pensaban que era la futura sede de la casa de Gobierno. Decían que en los tanques se había suicidado una pareja de enamorados porque los padres no los habían dejado casarse", dijo Tartarini sobre algunas de las historias que rodearon al Palacio desde que comenzó su construcción y hasta la actualidad.


Tomás Eloy Martínez, relató en su libro "Santa Evita" que el cadáver de Eva Perón estuvo escondido un tiempo en este edificio. Así lo describía en el texto de 1995: El guardián les entregó la soga para que bajaran el ataúd y se alejó por la avenida de pinos, maldiciendo a la noche.


El Coronel imaginaba su misión como una línea recta. Salía de la CGT. Avanzaba dos kilómetros por la avenida Córdoba. Entraba al palacio de Obras Sanitarias por una de las puertas laterales. Ordenaba que descargaran el ataúd. Arrastraba el cuerpo hacia su destino. 'Dos cuartos vacíos y sellados», había dicho Cifuentes, «en la esquina sudoeste de Obras Sanitarias'.


Lo difícil era conseguir que los soldados transportaran el ataúd, sano y salvo, por la escalera de caracol que desembocaba en el segundo piso. Sano y salvo eran adjetivos que jamás había usado en relación a la muerte. Todas las palabras le parecían ahora desconocidas.


Sobre la marcha, el Coronel dibujó sus planes por segunda vez. En la trama había una figura nueva: el sargento ayudante Livio Gandini. A última hora había decidido quitárselo al clarinetista Galarza. Aunque ninguno de los otros lo sabía, era él, Moori Koenig, quien iba a llevar el cuerpo verdadero. Necesitaba más refuerzos, más certezas. Ahora, los hechos iban a ser así:


Los soldados dejarían el ataúd en el segundo piso de Obras Sanitarias. Regresarían al camión, vigilados por Gandini. Él, Moori Koenig, encendería una lámpara sol de noche. Arrastraría a la difunta hacia los cuartos de la esquina sudoeste. Cubriría el ataúd con lonas. Clausuraría la puerta con candado. Et finis coronat opus, como hubiera dicho el embalsamador.


En otra de sus obras, que se llama el "cantor de tangos", el periodista tucumano también habla de un asesinato que tuvo lugar en el edificio.


El de Felicitas Alcántara, que desapareció a fines del siglo XIX cuando paseaba con sus hermanas y dos institutrices. Dos años después, cuando aquí se hizo una oficina, se tuvo que tirar abajo una pared y detrás se encontró el cuerpo de la muchacha atado a una silla, con la misma ropa que tenía cuando fue raptada.


Poco después del hallazgo del cuerpo de Felicitas, los Alcántara vendieron sus posesiones y se expatriaron a Francia. Los vigilantes del Palacio de Aguas se negaron a ocupar la vivienda del rectángulo suroeste y prefirieron la casa de chapas que el gobierno les ofreció a orillas del Riachuelo, en uno de los rincones más insalubres de la ciudad. A fines de 1915, el presidente de la República en persona ordenó que las habitaciones malditas fueran clausuradas, lacradas y borradas de los inventarios municipales, por lo que en todos los planos del palacio posteriores a esa fecha aparece un vacío desparejo, que sigue atribuyéndose a un defecto de construcción, dice un fragmento del texto publicado en 2004.

Fuente: diario La Nación. Autor José María Costa. "Los secretos del Palacio de Aguas Corrientes. Una mirada al interior del mítico edificio porteño".


miércoles, 27 de diciembre de 2017

A 55 años de la despedida de los tranvías porteños

Los viejos tranvías porteños

El 26 de diciembre de 1962 el Centro de Comerciantes de Belgrano organizó en la intersección de las avenidas Cabildo y Juramento, un homenaje de despedida al transporte tranviario de la hoy Ciudad Autónoma de Buenos Aires, cuyo cese de actividades se concretó en febrero de 1963, durante la presidencia de José María Guido.
Por entonces, el sistema tranviario de la Argentina contaba con 105 años de vida a partir del contrato firmado entre Valentín Alsina, el entonces gobernador de la Provincia de Buenos Aires el 3 de agosto de 1857, en base a la concesión otorgada por la legislatura provincial al empresario Eduardo Augusto Hopkins el 27 de junio de ese mismo año para el desarrollo de un sistema de tranvías a tracción a sangre combinado con locomotoras entre la ciudad y la localidad ribereña de San Fernando.
El recorrido debía partir de la Aduana Nueva, detrás de la Casa Rosada, pasar por la Usina de Gas, lugar ocupado actualmente por la Torre de los Ingleses en el barrio de Retiro, donde los caballos eran reemplazados por locomotoras, que bordeando el Río de la Plata arribasen al Canal de San Fernando, para cuya concreción el Estado el garantizó al empresario una ganancia anual del siete por ciento.
Tras sucesivos problemas y renovaciones del convenio, en 1860 el desarrollo de las obras alcanzó la entonces ciudad, hoy barrio de Belgrano, mientras el actual gobernador Bartolomé Mitre, aprobó los estatutos de la nueva empresa explotadora conformada en Londres bajo la denominación de "The Buenos Aires & San Fernando Railway Company Limited" la que, a su vez, fue reemplazada el 17 de octubre de 1862 por otra firma británica denominada "Ferrocarril del Norte de Buenos Aires", la que finalmente concluyó la obra.
A partir de entonces fueron surgiendo nuevos recorridos y así, el Ferrocarril del Sur construyó uno desde la estación Constitución hasta Lima y Belgrano en 1865, también a tracción a sangre, al igual que los desarrollados por la empresa "Tramway Central" de los hermanos Julio y Federico Lacroze y por "Tramway de la calle Cuyo", de los hermanos Teófilo y Nicanor Méndez, los que fueron inaugurados en simultáneo el 27 de febrero de 1870.



El primer eléctrico


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Así siguió en 1888 el "Tramway Rural" de los Lacroze que a lo largo de 47 kms unía la ciudad de Buenos Aires con la bonaerense Pilar, siempre con tracción a sangre hasta que en 1892, siendo gobernador Julio A. Costa se inauguró en la joven ciudad de La Plata el primer tranvía eléctrico que circuló en el país, que se adelantó en un lustro a su implementación porteña.
Desde entonces, el sistema tranviario se implementó en otras muchas ciudades como Bahía Blanca, Mar del Plata, Necochea, Quilmes, Chivilcoy y Florencio Varela en la Provincia de Buenos Aires, así como en otras variadas ciudades en el resto del país.

Luego de su cierre en la Ciudad, donde el sistema cubría la totalidad de los barrios y parte del Conurbano como consecuencia del decreto firmado por Frondizi el 25/11/1961 que estableció la eliminación del servicio (concretada el 13/3/1963), se fueron clausurando los ramales de todo el país, siendo La Plata la última en hacerlo.
El argumento utilizado por los gobiernos fue que el transporte en tranvías era deficitario y obsoleto y así, en agosto de 1961, el ministro de Obras y Servicios Públicos Arturo Acevedo, arregló con la firma británica Leyland la adquisición de 490 ómnibus por un total de 3.75 millones de libras esterlinas (equivalente a algo más de 85.000.000 de dólares).

Pasaron 15 años cuando bajo la presidencia del arquitecto Aquilino González Podestá se creó la "Asociación Amigos del Tranvía y Biblioteca Popular Federico Lacroze" el 16/7/1976 y cuyo trabajo hizo posible que en 1980, en el barrio de Caballito se realizase el viaje inaugural del Tranvía Histórico de Buenos Aires, ya con 37 años de funcionamiento y cuyo costo es sostenido por los socios de dicha Asociación.
Desde entonces, a este tranvía se fueron sumando otros, rescatados de los que operaron más de medio siglo atrás, que realizan recorridos gratuitos durante los fines de semana y que incluyen explicaciones para los viajeros acerca de la importancia y beneficios actuales de la utilización de este tipo de transporte y que marcan su renacimiento en numerosos países del mundo, dentro de los cuales Francia se encuentra a la cabeza. 


Fuente: diario La Prensa. http://www.laprensa.com.ar/460740-A-55-anos-de-la-despedida-a-los-tranvias-portenos.note.aspx por Fernando del Corro

jueves, 19 de octubre de 2017

Edificio Bencich

Este edificio, muestra de la gran eclecticidad de la arquitectura porteña, se encuentra ubicado en la esquina de Córdoba y Esmeralda.

Fue diseñado por el arquitecto Eduardo Le Monnier. Por encargo de los hermanos Masimiliano y Miguel Bencich, dueños de una empresa constructora, Le Monnier, formado en la Escuela Nacional de Artes Decorativas de París, poryecta una singular pieza en la articulación con la calle Florida.

En un comienzo, el edificio entero era propiedad de los Bencich, ya que en la Argentina aún no se había implementado la Ley de Propiedad Horizontal y las construcciones de este tipo eran propiedad de un particular o una compañía, que obtenía el alquiler de las viviendas. Por eso se las llamaba "propiedades de renta". Un dato histórico es que en el bloque con entrada por Córdoba 807 vivió, en uno de los departamentos, la poetisa Alfonsina Storni, como lo recuerda una placa colocada en esa puerta.

  
Imagen de 1930. Córdoba antes de llegar a Esmeralda. En segundo plano, a la derecha, el impresionante (aún hoy) edificio Bencich.

Si bien su arquitectura es sobresaliente, no hay dudas que lo más distintivo son las torres con cúpulas. 
Sin lugar a dudas, algo para visitar en la ciudad.

Fuentes: Wikipedia, arkiplus, arcon de buenos aires,  open house.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Parque Las Heras

Vista actual del Parque
Ubicado en el barrio de Palermo, delimitado por las Avenidas General Las Heras y Coronel Díaz, y las calles Salguero y Juncal este parque es un hermoso espacio verde para practicar deportes y esparcimiento. En las tardes soleadas y calurosas, se puede ver a la gente tomando sol, tal como si estuvieran en una playa.

Antigua Penitenciaría Nacional
Desde fines del siglo XIX y hasta 1961, fecha en que comenzó su demolición, el lugar estuvo ocupado por la Penitenciaría Nacional. Fue inaugurada el 28 de mayo de 1877 con el traslado de 300 presos que saturaban el penal del Cabildo. Sus muros eran de gran porte con torres y garitas de vigilancia con disciplina militar. Estaba en una suave barranca y protegida con una reja de circunvalación.- 

Una vez demolida dicha Penitenciaría, el parque se mantuvo como un gran terreno baldío que era usado por los jóvenes para practicar fútbol. Esto duró hasta la década de los 80, cuando se comenzó la parquización al ser edificada en un ángulo la escuela de Lenguas Vivas.
Recién en 1983 comenzaron las obras oficiales: plantado de árboles, juegos, diseño de senderos, etc.

Como curiosidad, las altas y añejas palmeras existentes son las que se encontraban dentro de la cárcel.

Otro rincón más de nuestra querida Buenos Aires.

Fuente: Wikipedia y Palermo Tour.


miércoles, 9 de agosto de 2017

Biblioteca Nacional Mariano Moreno

La Biblioteca Nacional fue creada por Mariano Moreno el 13 de septiembre de 1810.
Sus sedes fueron cambiando a lo largo de los años: ubicada primero en el Cabildo, luego en una sala de la Manzana de las Luces y finalmente en su actual espacio: un terreno en donde antiguamente se hallaba la casona de la familia Unzué, comprendido entre las calles Agüero y Austria y las avenidas Las Heras y del Libertador. 

Su edificio, construido por los arquitectos Clorindo Testa, Francisco Bullrich y Alicia Cazzaniga, es considerado de estilo brutalista por sus formas geométricas y la presencia de hormigón armado dejadas a la vista y tratadas de manera escultórica.

Varios fueron sus directores con alcurnia en el mundo de las letras. José Antonio Wilde fue quien inició la lista. Paul Groussac, Gustavo Martínez Zuviría, Jorge Luis Borges, continuaron engrosándola.

Son varias sus salas, donde se atesoran más de un millón de libros, publicaciones periódicas, folletos y materiales especiales, cartográficos, fotográficos, audiovisuales, archivísticos, electrónicos y digitales.
También hay colecciones de personalidades como José de San Martín, Borges, Mujica Láinez, entre muchos otros. 

Nacida en los albores de la Revolución de Mayo y testigo de los tiempos, la Biblioteca Nacional nos ofrece un lugar donde perderse en las palabras.

Parece que Jorge Luis Borges dijo: "Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca". Y, para los que amamos leer, no caben dudas que esta biblioteca podría llegar a serlo.


Autor: Eliana Dell Era

Fuente: La Nación, Wikipedia, Biblioteca Nacional

miércoles, 28 de junio de 2017

Barrio de Chacarita

Este barrio era conocido como la "Chacarita de los Colegiales". 

Desde las lejanas épocas fundacionales de Buenos Aires, en 1580, el fundador Garay imaginó que esa región se debía destinar a la labranza y a chacras, o para la cría de ganado.
Las más antiguas referencias históricas sobre la “Chacarita” y sus alrededores, corresponden a los comienzos del siglo XVII. En diciembre de 1608, cuando gobernaba Buenos Aires el criollo Hernandarias se completó la mensura de la Ciudad. Entonces se delimitaron las extensas posesiones que se donaron a los sacerdotes de la Compañía de Jesús, conformando la estancuela o dehesa que se denominó “Chacarita de los Padres” y luego “Chacarita de los Colegiales”. En aquel lugar pasaban sus veranos los estudiantes del Colegio San Ignacio.
Estas tierras tuvieron un gran traspaso de manos. Juan de Garay se las dio a don Juan Fernández de Zarate y de este pasó a poder de Gonzalo de Carabajal, luego paso a manos de María de Carabajal, quien recibió el predio en calidad de dote al contraer matrimonio con Cristóbal Calvo, quien vendió su parte a los religiosos ignacianos.
Plaza Los Andes
El Colegio San Ignacio, hoy Colegio Nacional Buenos Aires, dirigido por los jesuitas, estaba en la “manzana de las luces”, en la calle Bolívar y junto a la iglesia. Los alumnos internos del colegio pasaban las vacaciones de verano, junto con algunos de sus profesores en las tierras que los jesuitas tenían en el oeste, de ahí el nombre, “La Chacarita de los Colegiales”, o la quinta en donde descansaban los alumnos. 
Estas andanzas de los estudiantes, inmortalizadas por Miguel Cané en "Juvenilia", pronto convertirían al lugar en la "Chacarita de los Colegiales", nombre de donde saldrían las designaciones de dos barrios porteños.
Durante la época de Rosas, la Chacarita albergó a numerosas guarniciones militares y a centenares de indios tomados prisioneros durante la Campaña del Desierto de 1833. Posteriormente, la Chacarita volvió a ser un lugar de huertos y sembradíos. Decenas de agricultores se afincaron allí para producir hortalizas, cereales y "paja de Guinea", usada por los morenos escoberos. Entonces, la zona era uno de los lugares más agradables de los alrededores de Buenos Aires.
Cementerio
La Ciudad sufrió entre 1867 y 1868, una seria epidemia de “cólera morbos” o fiebre amarilla entonces de imposible curación. Vivian en Buenos Aires alrededor de 180.000 habitantes y la enfermedad comenzó a atacar a los pobladores casi inmediatamente después de la guerra del Paraguay, posiblemente el virus se traía desde el trópico. En 1867 las victimas mortales fueron 1633 y hubo 5000 afectados.
Como consecuencia de esta epidemia surgió la apremiante necesidad de crear en los alrededores de la Ciudad algún lugar para poder inhumar a las victimas, dado que el cementerio de La Recoleta era insuficiente. El cementerio de los jesuitas fue el primero que funcionó en la zona, luego se amplió el lugar con motivo de la epidemia.
Estación
Entre tantas casas quintas queda aún la de la familia Comastri (más conocida como "El mirador Comastri"), que actualmente es la Escuela Nacional de Educación Técnica Nº 34. Se encuentra delimitada por las calles Loyola, Fitz Roy, Aguirre y Bonpland. La construcción es de 1870 y fue famosa porque en ella durmieron Roca y Pellegrini. Eran visitantes del Sr. Comastri. Por ese entonces, la zona era llana: se la conocía como el valle del arroyo Maldonado, que actualmente corre entubado bajo la Avenida Juan B. Justo. 
Dentro de la historia del barrio, cabe enumerar la fábrica de acordeones artesanales del italiano Juan Anconetani, que desde el año 1917 son famosos por su calidad y por sus músicos.
Museo de cámaras fotográficas

Autor: Eliana Dell Era

Fuente: DEL PINO, D. La antigua Chacarita de los Colegiales. Buenos Aires, 2004. Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires - Barriada.com.ar

lunes, 17 de octubre de 2016

Altos de Elorriaga

Los Altos de Elorriaga en 1913

Es la vivienda particular de dos pisos más antigua que aún se conserva (construida entre 1812 y 1820). La planta alta estaba destinada a vivienda y en la planta baja había locales comerciales.

En esa época se la denominaba casa de Altos ya que tenía dos plantas y su nombre se debe a quien fuera el dueño en ese momento: Juan Bautista Elorriaga.
Las habitaciones rodeaban grandes patios interiores. Desde el mirador se podía contemplar el paisaje del río. La fachada es lisa y encalada, con balcones enrejados en el primer piso.
La casa es una de las pocas que aún persisten 
Vista actual
en Buenos Aires sin ochava. 










Autor: Eliana Dell Era

Fuente: Wikipedia - turismo Buenos Aires.